Gandhi y Kennedy, Mandela y la libertad.

Cristo y San Francisco de Paola. “(…) –En el teu cos i el teu esperit. La humanitat necessita amor, comprensió. (En tu cuerpo y tu espíritu. La humanidad necesita amor, comprensión.). –¿Y ofrecer la otra mejilla? –Mi amigo parafraseó al Mesías. –Vivir y sentir, Jordi, dar ejemplo en el camino de la comprensión y el amor. Lo hizo Cristo y San Francisco de Paola. Y Gandhi con su acción humana, nada violenta. De ella surgió esta Comunidad del Arca –le aclaró el cura. (…) (pág. 227)

“¡Eppur si muove!”, Galilei. “(…) Ya sintiéndose libre en la calle, dispuesto a ver el lado positivo, Jorge se instauró en el convencimiento de que acompañar a Maya, a sitios de índole semejante, nada significaba brindarle amistad fiel. Y silenciarlo, lo mismo. Se le presentaría la ocasión de relatar todo con pelos y señales; pero en ese instante prefirió el silencio y pensó como Galilei: “¡Eppur si muove!” (…) (pág. 221)

Kennedy y Mandela, Lincoln y Luther King. “(…) Pero en el televisor de Josefica, quien veía el noticiero a través de la ventana, sentada al fresco en la calle, resonó un idioma que llamó la atención del mayor de los hermanos. Los subtítulos de la traducción simultánea aclararon manifestaciones con acento extraño. Un hombre de piel oscura, esposado, denotaba honradez. Jorge leyó deprisa las letras que aparecían en la tele: “Es un ideal por el que espero vivir y, si es necesario, un ideal por el que estoy dispuesto a morir.” –¿Quién es, Josefica? –¡Mandela! ¡Nelson Mandela! –¿Qué dice? –Dejó el balón a sus dos hermanos y se acercó a la tele. –Defiende la libertad y la igualdad en Sudáfrica y en el mundo. La pantalla soltó dos relámpagos y sonó el trueno. Jorge recordó los días de tormenta. Y apareció en la tele la sombra fúnebre de otro titular: “¡Kennedy ha muerto!” –¿Quién? –¡Quería cambiar el mundo! –le explicó Josefica. –¡Cambiarlo! ¿Por qué? –Asesinado como Lincoln y Luther king. ¡Asesinaron a otro presidente bueno en los Estados Unidos! –La vecina cogió la taza de café que tenía sobre la mesita. Bebió. –¿Es que murió en una guerra? Sobre la negrura de la pantalla apareció un féretro, mientras en un recuadro que ocupaba el ángulo izquierdo del televisor se veía el semblante de un hombre soñador, vivo y seguro de sí mismo, que impresionó a Jorge, sin necesidad de comprender qué decía: “Now the trumpet summons us again. (…) My fellow citizens of the world: ask not what America will do for you, but what together we can do for the freedom of man. (…) With a good conscience (…) that here on earth God’s work must truly be our own.” (“Los clarines vuelven a llamar. Conciudadanos del mundo: Nos preguntan (…) qué podremos hacer juntos por la libertad del hombre. (…) conscientes de que aquí en la tierra la obra de Dios es realmente la que nosotros realicemos.”) –¡Lo mataron, Josefica! –Pero perdura su mensaje y será realidad el sueño de igualdad. ¡Tú lo verás! ¡Seguro que lo verás hecho realidad en tu vida! (…) (pág. 38)

Coco Chanel y Casilda Iturrizar. “(…) En su regreso a Bilbao, Gorka dejó pasar delante a una dama estilo Coco Chanel, con traje de chaqueta negro y suéter blanco que le realzaba su cuello de cisne. La viuda elegante se mostraba con prisa por rebasar la puerta y saltar al andén, a la calle, igual que desea el feto saltar a la vida. Por la premura que traía… qué tarea le preocupaba a la viuda. Por fin, puso deprisa el pie en tierra. –¡Casilda! Al fin acabaremos tu parque –la agasajó el bigote del alcalde. –Eulalia, ¡maja!, haz la foto –pidió Koldo–: ¡Qué Azkuna tiene un Pleno! (…) (pág. 314)

Chavela Vargas y Sharon Stone. “(…) –¡Quédate en mi piso hasta que él venga! –Guardó en el bolso las pinzas del bigote recién depilado durante el viaje. Lentamente, Maya se humedeció los labios con la lengua y cruzó las piernas a lo Sharon Stone–. ¡Quédate en mi piso! –Vive la espera sin mí. –Jorge la besó–. Seréis así más felices juntos. –Ni sé si vendrá. ¡Quédate conmigo! –Lo miró cual niña indefensa. Inspirada tal vez por la cantante Chavela Vargas, cuya melodía sonaba en los altavoces de la terminal de Barajas, Maya tarareó la famosa canción… pero a Jorge ya sólo le correspondía marcharse de su vida. Ni esperó “¡un poco!” ni “¡un poquiiiiiiiiiiito más!”… ¡ni ella se murió! (…) (pág. 223)

Lady Liberty y García Lorca en New York. “(…) En la repentina ensoñación, le pareció ver a Leonor y al poeta Antonio Machado, en un huerto donde maduraba el limonero. Dibujaban corazones de seda con Antonio Gala y García Lorca. Federico contaba sus andanzas de Poeta en New York y alabó la belleza de Lady Liberty luciendo la antorcha en su mano. “Liberty Enlightening the World” (“La Libertad iluminando el mundo”). (...) (páginas 24-25)

Lady Di enamorada y luego descorazonada. “(…) Comprometida como estaba para desposarse con un joven, tuvo ante sí el reto de escuchar al corazón y restablecer su valor femenino. Y superó la prueba a los pocos días de un incidente con su novio, porque Batu, Lady Di enamorada, devolvió la alianza al sentir amor con Jorge. (…) (pág. 85) “(…) Cuando oyó la confesión del esposo, Batu Lady Di descorazonada, pues Jorge se estaba enamorando de otra mujer, ni dejó pasar el primer chaparrón, ni se dio tiempo para comprender tanta sinceridad y el agobio que sentía el corazón de su esposo. Reaccionó como ola que arrasa con todo: –¡Elige entre ella o yo! (…) (páginas 89)

Vicente Ferrer y Chiara Lubich. “(…) Conoció a seguidores fieles de Henry Dunant en la Cruz Roja, de Teresa de Calcuta y Vicente Ferrer, de Chiara Lubich y del padre Ángel en Mensajeros de la Paz, de Tagore, Gandhi y Lanza del Vasto. De Saint Germain, de La Ferrière, Leadbeater, Stanislav Grof y Eckhart Tolle, de Erich Fromm, Sondra Ray, Conny Méndez. Dominaba las meditaciones de Osho. (…) (pág. 181)

Beethoven y su ‘Oda de la Alegría’. “(…) ¿Qué es vender algo sin permiso del dueño y quedarte con el dinero? Jorge tendió siempre una mano, y hasta las dos, a la compañera Maya por su felicidad, mientras que ella le propinó una coz que Jorge esquivó con amor. En la estación de autobuses, desde donde mi amigo la había telefoneado, se escuchaba por los altavoces, pese al revés recibido, la Oda de la Alegría de Beethoven, en la hermandad universal. (…) (pág. 226)

‘The Mozart Effect’ y la Antroposofía de Steiner. “(…) Por ser lunes, de influencia lunar, la anfitriona lucía mallas violáceas. Lucrecia practicaba las terapias y métodos de la Antroposofía de Steiner, basadas en armonizar lo espiritual del ser humano a lo espiritual en el cosmos. –¡Avant! (¡Adelante!) –Le sonrió Lucrecia, con amabilidad esa tarde, cuando vio aparecer a Jorge en el jardín de la casa. Cerró el libro que estaba leyendo: ‘The Mozart Effect’ de Don Campbell. (…) (pág. 278)

Fidel Castro y Ché Guevara en el Granma (Cuba). “(…) –Cuando el hombre descubre su feminidad siente una revolución –aseguró Jorge puesto que la ha experimentado hace un pocos años–. Revolución humana sin culminar, inacabada como la emprendida por el Ché y Fidel en Cuba, en el espíritu guerrillero que impulsó al yate Granma hasta alcanzar la costa. –¿Feminidad en lo masculino? ¿Cómo se explica ese fenómeno? –inquirió una voz incrédula. –El Yin que se funde en un Ser único y completo con el Yang, según la filosofía Oriental. O la columna lunar Boaz (feminidad) y la solar Jakin (masculinidad) que sostienen el mítico templo de Salomón, símbolo de armonía en el Ser. –¿Parece un proceso revolucionario? –quise ahondar en la propuesta. –Crucial para la especie humana. Porque de la feminidad surge siempre la creación y la nueva vida. (…) (Página 179)

(Ver las sección Personajes Universales en el Índice anexo al final de la novela)

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